Sta. María Eufrasia

El matrimonio Pelletier era originario de Soullans en la región de la Vandée.

En 1794 son arrestados y deportados a la isla de Noirmoutier por haber prestado sus cuidados a los republicanos y a los “Chouanes”, lo cual les hace sospechosos. Es aquí en esta isla donde nace Rosa Virginia el 31 de Julio de 1796,

Creció y vivió impactada por la profunda fe de sus padres y en medio de un sinfín de dramas como la trata de esclavos y la persecución de los creyentes a causa de su fe. Así, Rosa Virginia fue comprendiendo el valor que tienen las personas. Su infancia trascurre feliz y su personalidad inquieta le lleva a hacer travesuras como a cualquier niño de su edad.

A raíz de la muerte de su padre y la dolorosa pérdida de una hermana a la que ella consideraba como su segunda madre, su madre decidió trasladarse a su ciudad natal (Soullans) e internar a Rosa Virginia (con 14 años) en la primera casa de educación religiosa que se había abierto en Tours tras el período revolucionario.  Aquí fue donde Rosa Virginia vivió una parte importante de su vida.

A su carácter vivo y necesitado de expansión y libertad, le resultó muy difícil amoldarse al régimen severo del internado, donde se siente sola y apenada. La separación de su madre, según sus propias palabras, le resultó muy costosa  Una de sus profesoras, la Srta. Lignac percibió la situación de Rosa Virginia y le ayudó a superar esta dificultad y a descubrir y rentabilizar su rica sensibilidad y cualidades.

Cuando parecía que todo estaba en paz y calma, Rosa Virginia recibió la noticia de la muerte de un hermano y ocho meses después la de su madre. Esta  noticia, a sus 17 años, representó para ella un golpe terrible. Ella misma dice que durante años no pudo oír hablar de su madre ni pronunciar su nombre sin llorar.

Frente al internado había un modesto convento que provocaba en las internas gran curiosidad. Las profesoras les decían que aquella casa era “un Refugio” para ayudar a las mujeres que querían dar un nuevo rumbo a sus vidas. En algunas ceremonias a las que fueron invitadas las maestras y las alumnas del internado, Rosa Virginia queda impresionada por la misión. Aquella misión le atrajo Le parecía que aquello coincidía con sus aspiraciones y que “el Refugio de Nuestra Señora de la Caridad” era la respuesta más clara a su vocación. Y así fue como Rosa Virginia, el 20 de Octubre de 1814,  decidió entrar a formar parte de la comunidad de Nuestra Señora de la Caridad, no sin muchas dificultades y obstáculos por parte de sus familiares, profesoras y compañeras. (Cuando Rosa Virginia plantea entrar en este convento el marido de su hermana mayor, que es su tutor, no le da el consentimiento, al final lo logra con la condición de que no haga los Votos hasta que tenga la mayoría de edad).

Después en los años de formación va aprendiendo al lado de la Directora Mª Victoria Houette la nada fácil tarea de suavizar y reformar los caracteres de las jóvenes. Poco tiempo después de la Profesión religiosa es nombrada directora. Su método educativo demuestra el espíritu de observación, discernimiento, sentido práctico de la vida y caridad con que se esmera en conocer y amar a sus educandas. La experiencia le enseña que el secreto de una buena pedagogía consiste en la coherencia, la bondad y la justicia, y que para atraer, en general, es preciso hablar y castigar poco.

En Mayo de 1826 fue elegida Superiora de la Comunidad. Compró varias casas que rodeaban al Convento, mejorando de esta forma  la parte dedicada a las hermanas y agrandando la de las jóvenes y mujeres acogidas para poder recibir a muchas más, pues su mayor deseo era acoger al mayor número de mujeres, es así como pasan de atender a treinta a acoger a sesenta jóvenes necesitadas. Inicia la andadura de una comunidad contemplativa que en  1828 tiene 12 miembros.